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Cuando la plata no alcanza

 ¿Conviene o no hablar de la economía familiar frente a los hijos?

Por Lic. Liliana Gonzalez

En estos momentos en que la crisis golpea a muchos argentinos, más de un papá se identificará con la frase: “Chicos, basta de pedir! ¡La plata no alcanza!”. Aquí, la pregunta inevitable es: ¿se debe compartir con los hijos la problemática de la economía familiar? Y si así fuera… ¿cómo hacerlo y hasta dónde deben saber?

En cada familia, el dinero cobra una determinada dimensión y es un tema de conversación. A veces, lamentablemente, es de lo único que se habla. Se pueden escuchar algunas de estas frases: “No me alcanza”, “Esperen a que cobre”, “¡No sabés lo que cuesta esto!”, “Gasté x$”, “Ahora no se puede”, “No me queda un peso y falta mucho para fin de mes”

Éstas son expresiones que suelen surgir espontáneamente o que son creadas para poner un límite a las demandas excesivas de los hijos. Y a veces, sin querer, provocan en los niños situaciones de mucha angustia que pueden llegar a interferir su normal desarrollo y sus aprendizajes.

Por un lado, es cierto que no se los puede hacer vivir en una burbuja, también es cierto que no hay nada mejor que la verdad. Pero es preciso manejarse con cuidado para no ubicarlos en una situación que ellos no pueden elaborar ni resolver y, por ende, puede producirles angustia o preocupación.

Cada casa es un problema y una realidad particular. No hay recetas mágicas, pero si la economía del hogar está pasando por una mala situación, la familia podría intentar:
• Poner palabras para explicar la situación, hablar y contar por lo que se está pasando, sin transmitir desesperación (no olvidemos que la función paterna es contener y proteger).
• Habrá que mostrar lo importante que es establecer prioridades y aprender a administrarse de otro modo.
• Sostener la esperanza de tiempos mejores y reforzar los vínculos familiares. Los adultos pueden ayudar a los niños a jugar con lo que tienen, a inventar juegos nuevos, a redescubrir y a crear.

En este sentido, quizás ayude recordar que es de estructura que algo nos falte, es decir, el ser humano nunca tiene todo y es bueno que así sea, porque es el motor impulsor para hacer y buscar. Es tan nefasto negar esa falta radical como creer que con cosas materiales se pueden colmar vacíos. Lo más probable es que de actuar así (saturarlos de objetos), nos encontremos con agujeros cada vez más difíciles de llenar (en la mayoría de las adicciones subyace esta problemática).

¿Podemos dejar a los niños a "la buena del televisor", sin filtros, conectados con la realidad en todas sus facetas, viendo los efectos del hambre en algún lugar del mundo, las colas de gente pidiendo trabajo, las manifestaciones callejeras por bajos sueldos, los abuelos gritando porque no les alcanza para comer o curarse?

Creo que en las épocas en las que el dinero ocupa un lugar central, y parecemos más preocupados por el "tener" que por el" ser" hay que redoblar la apuesta por la educación y por la función de la familia en ese sentido.
Quizás nos ayude pensar en tantos niños y adultos que aparentemente tienen todo, pero siguen demandando más, en una clara muestra de estar lejos de la ansiada felicidad.


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