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Divertidas ideas para disfrutar el verano

El juego es fundamental para el desarrollo de niños sanos y felices: ayuda a formarlos como personas, ya que jugando se aprende a “ser”. Jugar es una actividad necesaria e imprescindible.

Cuando un niño juega no está haciendo “nada”, ni está perdiendo el tiempo. Por el contrario a través del juego los niños empiezan a comprender le mundo, descubren su cuerpo, conocen a otras personas y se relacionan, desarrollan vocabulario e imitan roles de adultos, entre muchas y otras funciones que cumple el juego.

Qué mejor oportunidad que estas vacaciones para que puedan disfrutar libremente su tiempo simplemente jugando.

Jugar en familia

Jugar con nuestros hijos nos permite invertir tiempo en ellos. Además, el juego compartido en familia fomenta la integración, consolida la comunicación entre padres e hijos y permite sentar las bases para construir una relación familiar sólida.
Jugar en familia supone la necesidad de organizarse, y crear entre todos un clima de respeto y cooperación. El juego abre vías de comunicación, genera complicidad entre los miembros de la familia, ayuda a demostrar afecto y permite exhibir las emociones de una forma natural y espontánea.

En este sentido, existen algunas premisas a tener en cuenta: participar sin dominar, involucrarse y disfrutar del juego, es decir, jugar para divertirse y pasarla bien. Para los niños es importante que sus padres los acompañen festejando sus logros y no sus errores, enseñándoles a aprender de las dificultades y valorando sus esfuerzos sin importar los resultados. También es preciso no forzarlos, ni compararlos, respetar sus ritmos y tiempos de aprendizaje, reconociendo su singularidad.

Para los niños, esos juegos compartidos serán momentos inolvidables. Jugar es divertido y resulta placentero para todos los miembros de la familia. El juego facilita el encuentro con los demás, la exteriorización de las emociones y mejora la comunicación familiar.

Muchas veces escuchamos que los chicos dicen “me aburro”, y la solución está en nuestras manos. De acuerdo a la edad, podremos jugar al “cuquito”, al “veo-veo”, a un juego de mesa o salir a andar en bicicleta. Podremos leer un cuento, hacernos cosquillas, correr carreras o decir adivinanzas. Podemos jugar en casa, en el jardín, en un viaje en auto o en la cola del supermercado. No importa cuándo, ni cómo, si estamos dispuestos, toda circunstancia puede convertirse en un juego. Y ese tiempo de disfrute compartido entre risas colabora para el sano crecimiento de nuestros niños.

Juegos con agua

A la mayoría de los niños les gusta jugar con agua: disfrutan chapoteando y salpicando, se recrean con el tacto y el sonido del agua. Y a medida que crecen, se interesan cada vez más por “hacer cosas” con el agua. Como padres, podemos facilitar estas actividades, ofreciendo diversas alternativas seguras y siempre supervisando estos juegos.
Para los niños mayores de dos años, existen innumerables posibilidades:

• Jugar con esponjas: encontrarás muchas y muy entretenidas utilidades. Por ejemplo, bien escurridas, las esponjas flotan, por lo tanto pueden simular que son balsas o botes. Colocar sobre ellas juguetes, luego soplar para que se muevan o provocar olas con las manos.
• Lavar piedras: otra alternativa es invitar a los niños a lavar piedras con una esponja. Así descubrirán que las piedras cambian de color cuando están mojadas y cómo se van aclarando a medida que se secan.
• Llenar recipientes: ofrecer al niño dos o tres recipientes que tengas en casa (tapas de aerosol, tetrabriks de leche, botellas de plástico, etc) para que el niño vierta agua dentro de ellos. También se le puede facilitar un embudo. Ésta es una actividad simple en la cual el niño desarrolla la coordinación vista-mano.
• Canillas y mangueras: Las canillas fascinan a los niños porque tienen la acción causa y efecto (las pueden abrir y cerrar). Si sos atrevida y no te importa mojarte en un día de calor, podés enseñarle a tu hijo a manejar la manguera, por ejemplo, para ayudarte a regar plantas y flores.
• Lavar cosas: esta es una actividad popular. Al encanto que sienten los niños por el agua, se suma el interés por el juego simbólico, ya que pueden actuar como adultos. Esto agrega otra dimensión al juego y esta combinación acapara todo el interés del niño. Por ejemplo, bañar a sus muñecos, lavar su ropa o vajilla de plástico, el triciclo o la bicicleta, etc.


Disfraces y máscaras

Las máscaras y los disfraces constituyen un excelente estímulo para desarrollar la imaginación y la creatividad. Y a todos los niños suele divertirles mucho esta actividad.

No se trata de correr a alquilar un disfraz, sino de proponerles jugar con ropa vieja o elementos como bufandas, telas o zapatos de adulto. Con los disfraces y máscaras, en un segundo pueden ser bomberos al rescate, una bruja que vuela en su escoba, una princesa en el balcón o un policía en busca del ladrón.

Las máscaras son un recurso sencillo que representan entretenimiento por partida doble. Por un lado, los niños pueden confeccionar sus propias máscaras y, por el otro, una vez listas, son excelentes aliadas a la hora del juego; ya que los ayudan a convertirse en superhéroes, leones, robots, gatos o lo que su imaginación les dicte.

Sólo se precisa algunos platos de cartón o círculos de cartulina, y sobre ellos dibujar los rasgos que se deseen. También se pueden recortar figuras en goma eva o cartulina para hacer los ojos, nariz u otros detalles como orejas de ratón o conejo.
Los niños van a resignificar simples prendas para transformarse a sí mismos en lo que deseen. De este modo, con una camisa blanca de papá pueden ser un médico que maneja la ambulancia o con una pollera de mamá convertirse en una princesa que pasea por el bosque.

Es decir, la consigna es simplemente proveer de pocos elementos y dejar que la imaginación de los niños haga su propio trabajo.


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