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Mi hijo llora en el jardín

Lic. Vanina López 
Lic. Luz Camozzi
Licenciadas en psicología

Al comienzo del año escolar es bastante frecuente ver niños llorando en la puerta de ingreso, padres angustiados por tener que “obligar” al niño a entrar y maestras preocupadas por brindar contención a ambos (alumnos y padres).

Si bien es cierto que esta situación no es común a todos los niños, ni se presenta en todas las edades, es importante entender los mecanismos que operan bajo esta angustia, y saber cómo ayudar a los niños a superar esta etapa.

Una explicación

Ante todo se debe comprender que el inicio del jardín de infantes no sólo indica el comienzo de la vida escolar del niño, sino, lo que es más importante, marca el ingreso cultural fuera de la familia y de la madre. ¿Qué significa esto? Implica, entre otras cosas, que estará lejos de su mamá y papá.

Muchas veces el ingreso a este nuevo mundo representa un conflicto para el niño y también para sus padres.

Por un lado, para que el niño acepte la separación debería entender que su madre sigue allí (afuera) aunque físicamente no se encuentre en el jardín. Para ello se requiere que haya logrado cierta elaboración de su aparato psíquico (poner en juego la dimensión simbólica). En este sentido, es oportuno recordar que la madre es “el otro primordial” al que el niño se apega y de la cual tiene una dependencia absoluta desde que nace, a tal punto que siente que los dos son uno solo. Es solamente a lo largo de su construcción psíquica de lo simbólico que el niño podrá diferenciarse pasando de la dependencia a la independencia y autonomía.
 
Será a través de ensayos de presencia /ausencia, que el niño logrará el ingreso en la dimensión simbólica, a partir de lo cual podrá representar una presencia en la ausencia, siendo capaz de representar a la madre aunque ella no este físicamente presente. Esta adquisición posibilita que el niño se separe, ya que aprende que aunque no la vea, ella continua existiendo y va a volver a verla, en este caso, luego del jardín.

Por otro lado, también los padres a veces sienten miedo: angustia por no ver todo el tiempo lo que hace su hijo, preocupación por dejarlo en manos de otro adulto. Entonces, el rechazo del niño a quedarse en el jardín, puede ser un reflejo de los temores que percibe en sus padres.

Qué hacer y cómo ayudarlos

Existen varias maneras en se puede ayudar a que el niño se apropie del jardín, es decir, lo hago suyo.
• Suele suceder que el niño llora con la mamá y no con el papá, o viceversa. Esto se debe a que esa persona representa aquel “otro maternal”, en estos casos, es recomendable que quien acompañe al niño sea otra persona, para de esta forma facilitar la separación.
• Despedirse con seguridad diciéndole que “en un ratito lo vendrán a buscar”, “que todo estará bien”, dando el lugar a que la maestra lo llame y lo integre al grupo de compañeros.
• Explicarle lo que significa ir al jardín adornándolo de palabras agradables como: “un buen lugar para aprender cosas nuevas”, “una aventura, en donde va a encontrar nuevos amigos para jugar”,


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