Notas destacadas

Los niños y la mentira

¿Cómo debe actuar un adulto ante las mentiras infantiles?

Lic. Claudia Romero
Lic. Natalia Alvarez Massad
Lic. Psicología

Las mentiras son una conducta bastante habitual en los niños y en general, en todas las personas. La mentira sirve como un mecanismo de defensa, y su función es preservar la autoestima, el anhelo de ser aceptado y amado, evitar que nos juzguen, proteger la intimidad, obtener lo que se desea, entre otras.

Sin embargo, la mentira atrapa en sí misma, conduce al autoengaño, al malestar emocional, a la culpa y genera desequilibrios. La sinceridad, por el contrario, libera y aporta salud emocional.

Asimismo, se puede afirmar que la mentira reflejaría un grado de inconformidad del sí mismo con el medio.

Mentiras vs. fantasías
Normalmente, los niños menores de 6 años tienen la tendencia a confundir la realidad con la fantasía; a esta edad, las mentiras infantiles forman más bien parte de la imaginación del niño. De ahí que sus juegos parecen tan vívidamente reales.
Este tipo de "mentira" es inocente, sin premeditación y sobre todo sin querer conseguir ningún beneficio con ello.

A partir de los 7 años, aproximadamente, el niño empieza a tener mayor conciencia de su realidad y se da cuenta de que falseando la verdad a veces puede conseguir ciertos beneficios personales.

Algunos de los motivos por los cuales un niño puede mentir son:
  • Imitación de figuras parentales: si ellos observan y viven la mentira de manera cotidiana, aprenden a hacerlo como algo normal. Es el caso del niño que escucha a su madre faltar al trabajo con la excusa de estar enferma, o negarse al teléfono "…decile que no estoy...".
  • Para llamar la atención: algunos niños emplean la mentira como una forma de captar la atención de sus padres (ej. inventar una dolencia), posiblemente por sentirse desatendidos, por el nacimiento de un hermanito/a, etc.
  • Por miedo: suele ser la causa más común de la mentira, el temor a la desaprobación o al castigo por parte de la madre o del padre, los lleva a falsear la verdad y la realidad. Que está muy ligado al punto siguiente.
  • Ante la exigencia: cuando se le exige mucho al niño, haciéndolo sentir que no cumple con las expectativas paternas. Ante esto, el niño puede que mienta para no defraudar al adulto.
Sea cual fuere la causa concreta de la mentira, podemos interpretar la mentira frecuente como señal de que “algo” está pasando.

Diferentes tipos de mentiras
Antes de los 6 años, existen unas mentiras, que son sin intención, son fantasía natural y espontanea que se mezcla con la realidad.

A partir de los 6/7 años aproximadamente, existe la mentira intencionada, es decir, los niños saben que están mintiendo y con alguna intención, como:
o Para que no lo reten: “Tengo que decir que yo no he sido, para que no me castiguen”.
o Para conseguir algo que quieren o evitar algo que no quieren: “Si digo que he hecho los deberes, conseguiré un premio”.
o Por miedos (a algo o a no ser aceptado): “Esto me da miedo, invento algo, una realidad que no me de miedo”.
o Por necesidad de aparentar (aparentar que se las sabe a todas, que es invencible o que nada le hace temer) “Yo no quiero ser inferior, cuento esto para aparentar ser como los demás o mejor”.
o Para mantener la estabilidad. “Si cuento esto, las cosas van a cambiar”.
o Por necesidad de ser aceptado y amado. “Si me muestro como desean y oculto lo que no les gusta me querrán”.
o Por dificultad para asumir la realidad. “Esto que estoy viviendo no me gusta, no es como debería ser, mejor es de esta otra manera”.
En estos casos, debemos indagar cuál es la causa de la mentira, puesto que cada niño es un caso particular. Estos motivos que pueden originar la mentira van ligados y siempre es importante intervenir adecuadamente ya que, en determinados casos, puede existir detrás un problema mucho mayor que la mentira en sí misma; en otros casos, es sólo un mal hábito que es importante eliminar. Por ejemplo, mentir para evitar un castigo, puede no tener demasiada importancia, pero si esta conducta se generaliza y se mantiene en el tiempo, ante problemas mayores el niño o niña tenderá a mentir, a ocultar lo que le ha pasado y no podremos ayudarlo.


¿Cómo actuar ante las mentiras?
Es determinante la actitud que asumen los adultos frente a la mentira:
  • Reaccionar con calma aunque con severidad. Esto significa actuar desde la adultez, aprendiendo a escuchar, poder mantener el control de nuestras emociones y reaccionar en consecuencia. Gritos, malas caras, y descontrol solo traerán más confusión y no un ejemplo de cómo actuar ante los inconvenientes.
  • Felicitar al niño que confiesa la verdad, puesto que si lo castigamos a pesar de que ha confesado, estamos reforzando su hábito de mentir (la próxima vez lo hará con más cuidado para que no lo descubran...). Sólo en última instancia habrá que acudir a una penitencia. Explicarle que no nos gusta la conducta que ha tenido, pero que estamos contentos y orgullosos porque ha dicho la verdad. Esto no quiere decir que se libre del castigo por la mala conducta. Se castiga la mala conducta pero se premia la sinceridad.
  • Los castigos deben ser acordes a cada error cometido por el niño. Si cada vez que se equivoca, recibe penitencias demasiado severas, y desmedidas, el niño se verá tentado a mentir para evitar el castigo.
  • Favorecer un ambiente de confianza, en la que el niño se anime a contar sus travesuras y sus errores. Que no sienta que cada vez que habla, hay consecuencias drásticas, o que no se confía en su palabra. Es importante que los niños crezcan en un ambiente donde se sientan seguros para contar lo que piensan y sienten, sin miedo a ser juzgados o perder la estima de sus seres queridos.
  • Es importante aceptar que al igual que todos, nuestros hijos a veces fallan, se equivocan, que no son perfectos e ideales, como los hemos imaginado.
  • Jamás reírse o festejarle las mentiras a un niño, aunque estas parezcas graciosas u ocurrentes. De hacerlo, estaremos dándole al niño mensajes contradictorios, por un lado lo retamos cuando miente, pero por otro lado nos reímos junto a él. De esta manera, al niño le costará comprender si mentir está bien o mal.
  • Explicarles la diferencia entre la mentira y la verdad. Y las consecuencias de ser mentiroso y de ser sincero. Se pueden emplear cuentos, anécdotas, ejemplos, etc.

Las mentiras infantiles son una parte más del desarrollo de los niños, pero si notamos que no podemos revertir la situación, que el niño continúa mintiendo, es un buen momento para pedir ayuda profesional, para poder tomar el problema a tiempo y trabajar juntos, terapeuta y familia, con la finalidad de ayudar al niño a superar este obstáculo.


Volver

Compartí esta página

Revista Pasitos , la revista para crecer en familia Estudio Chento ESTUDIO CHENTO