Notas destacadas

Jugar en la Infancia

Por Dr. Enrique Orschanski
Médico pediatra

Podemos asomarnos a la vida del hombre moderno según una esquemática distribución de su tiempo, repartiéndolo en dos: el tiempo productivo y el ocio. El equilibrio entre dos vivencias complementarias puede ayudar significativamente en la búsqueda de un estado de bienestar conocido como salud.

En los niños es fácil comprender que una parte importante de su salud depende del tiempo, es decir, de los períodos dedicados al juego. Desde siempre dicho tiempo fue preservado por los chicos para desarrollar actividades en las que se puede expresar aspectos personales como la imaginación y la creatividad y aspectos vinculares como la socialización y la solidaridad.

Es justamente en el tiempo libre donde tienen lugar los juegos. Es allí el lugar para desarrollar paciencia, tolerancia, y jerarquías de humano. Saber esperar el turno en una fila, ayudar a quien no entiende las reglas o no es hábil para ejecutarlas, entender los errores como intentos y no como fracasos, son algunos ejemplos de lo que los niños adquieren a través del juego.

Pero la vida actual, prefijada por exigentes normas y en la que el ocio no es un valor, nos obliga a preguntar: ¿Tienen nuestros hijos tiempo libre? ¿A qué juegan nuestros hijos?

En una encuesta realizada en mi consultorio a 334 niños entre 5 y 11 años sobre qué juego elegían en su tiempo libre, el 90% respondió como primera instancia: “Veo Televisión” o “juego en la compu”. A continuación, la mayoría agregó un juego al aire libre. Los varones prefierieron fútbol y básquet. Las niñas, danza. En estos casos, las actividades estaban condicionadas por horarios y no como juego espontáneo. Sin dudas, hay otros juegos que estos chicos practican, pero no fueron recordados, ni nombrados. Eso nos plantea otra pregunta: ¿qué consideran ellos un juego?

El juego según las edades

El rol del juego en la primera infancia se ejerce de manera natural en las diferentes etapas del crecimiento. A partir de los dos meses de edad, algunos niños ya son capaces de mirar por largos períodos objetos que llaman su atención y responder a estímulos externos con sonidos, risas y gestos de imitación. Los juegos se basan en la interacción con el medio. El rostro humano es la imagen que les atrae de manera particular. Entre los 3 y 4 meses juegan con sus manos y exploran con la boca. Las sillas colgantes o columpios son de gran utilidad entre los 5 y 6 meses, período en el cual los niños transitan por una etapa de aburrimiento debido a que su desarrollo neuronal ha evolucionado rápidamente en contraste con su motricidad, aún algo torpe. El momento del baño es también una oportunidad de juego y aprendizaje que los niños disfrutan plenamente. Se proponen en esta etapa estímulos de observación, como enfrentarlos a espejos y a plantas naturales. El rostro infantil tiene especial atracción para estos niños, como se observa en lactantes que tienen hermanos mayores.

A partir de la adquirir la posisión de sentado (desde los 6 meses) la manipulación de objetos es precisa y los juegos se basan en cambios de posición corporal y la búsqueda imperativa de elementos que se le ofrecen. La complejidad de estas acciones es creciente, llegando a los 8 meses a desarrollar la capacidad de jugar con objetos escondidos. La alimentación no láctea constituye una actividad que ordena la rutina diaria, sentando bases de hábitos alimentarios con los cuales, además, es posible transmitir conceptos como paciencia para la espera y aceptación de la diversidad.

Entre los 8 y los 9 meses se establece alguna forma de traslación o gateo, lo que extiende su territorio de búsqueda y exploración. Muchos niños saltean esa etapa para lograr rápidamentela posición de pie, con lo que su visión del mundo circundante se expande notablemente.

El inicio de la deambulación refuerza su identidad de incansables exploradores, atentos a capturar todo lo que los rodea. Alrededor del año de vida se inician los juegos de imitación, tanto de gestos como de sonidos.

Entre los 2 y 3 años predominan los juegos en solitario o en paralelo con otros niños. Aumenta la complejidad de los movimientos y se agrega la palabra hablada como elemento de juego e imitación. Replican escenas de la vida cotidiana (hacer dormir a un muñeco, cocinar, etc.) crece la imaginación para dar sentido y vida a objetos informes (una cuerda, un cartón o esferas se transforman en lo que el niño quiere que sean, para jugar).

Cerca de los 4 años, los escenarios y argumentos del juego son más complejos (inventan viajes, batallas, competencias) y comienza el juego compartido con otros niños. Se establecen reglas cambiantes de acuerdo al deseo de los jugadores.
A partir de los 5 años, ya influenciados por el inicio de la escolarización, aparecen las reglas fijas en los juegos. Se dedican a tareas que requieren resolución compleja (rompecabezas) y asumen roles de adultos (alimentar a un bebé, cambiarlo, protegerlo). Mediante el juego se obtienen cosas que se le niegan en la vida real (amigos imaginarios) y se expresan claramente emociones y sentimientos a través del dibujo.

Esta breve descripción intenta explicar el natural desarrollo de las capacidades básicas para el juego durante la etapa pre-escolar. Esta evolución es frecuentemente interferida por personas cercanas al niño introduciendo elementos del juego que puedan inhibir su imaginación. Muñecos que caminan, autos que avanzan y móviles que giran sin que los toquen y especialmente pantallas que reproducen imágenes. Estos son algunos ejemplos de juegos que transforman al niño en un mero espectador sin participación activa. No es raro que la mayoría de los chicos de esta edad terminen destrozando los juguetes en un intento de otorgarles una forma o un movimiento más acorde con su deseo que con lo programado por el fabricante.

La escolarización inaugura una etapa muy diferente a la que recordamos los adultos. Los niños actuales tienen más carga horaria, más exigencia de actividades complementarias y más tiempo de encierro como resultado de la inseguridad pública. Esto determina el acortamiento de los períodos destinados al juego y la desaparición de un elemento imprescindible para la imaginación infantil: el aburrimiento.

Actualmente desacreditado, este verdadero estímulo neuronal, ha servido a muchas generaciones a inventar juegos fantásticos, sin límites geográficos ni temporales en los que los niños en los que los niños entraban y salían libremente eligiendo personajes, argumentos, principios y finales.

Lamentablemente, la visión utilitaria de esta época nos quiere convencer de que el aburrimiento es una pérdida de tiempo, al punto de transmitirles a nuestros hijos que siempre deben tener una actividad.

Tal vez no sea demasiado tarde para devolver a los chicos una cuota de aburrimiento creativo que encienda sus cerebros y corazones, al mismo tiempo que apaga pantallas.

La punta del ovillo

¿De qué manera ayudar a redescubrir el juego y el valor del aburrimiento creativo?
Buscando coherencia entre nuestra palabra y nuestras acciones, es decir, destinando algo de nuestro tiempo para jugar. Practicando deportes, inventando con las manos, volviendo a caminar sin apuro. Y de manera primordial, si podemos, apagando televisores, teléfonos y computadora. Los chicos recibirán un mensaje directo sobre el valor del entretenimiento ocioso.

No estoy expresando que necesariamente debemos jugar con ellos, sólo jugar. Si resulta espontáneo todo irá bien, pero no debemos obligarnos a compartir juegos con nuestros hijos si no queremos o no nos gusta: descubrirán enseguida nuestra actitud postiza. Además ellos siempre prefieren jugar con pares, que son los que entienden los códigos de cada edad.

Nuestra tarea es enseñarles cómo nosotros disfrutamos el tiempo libre. Probablemente la práctica nos llevará espontáneamente a disfrutar con ellos.

Tenemos en contra la presión laboral, las obligaciones y la falta de tiempo real.

Pero que no pase inadvertido a ningún padre que la infancia de nuestros hijos es la oportunidad de repensar el único, verdadero, juego de la vida.


Volver

Compartí esta página

Revista Pasitos , la revista para crecer en familia Estudio Chento ESTUDIO CHENTO