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Internet, cara y cruz

Por Lic. Liliana González

Cara y cruz de la red con la que conviven nuestros pequeños

¿Qué es Internet? ¿Un brazo del diablo en la tierra? ¿Una forma de democratizar el mundo del conocimiento? Porque en la web se pueden comprar drogas y videos pornográficos, se puede amenazar, acosar, aprender a fabricar bombas. Pero también se aprende, se investiga, se consulta sobre enfermedades, se difunde música y poesía, se visitan virtualmente museos y bibliotecas de otra forma inaccesibles, se dan a conocer inventos…

Todo eso y mucho más es Internet, una herramienta potenciadora de lo bueno y de lo malo de los seres humanos. Y en esa red virtual, fiel retrato de la humanidad, es donde nuestros hijos habitan, con todos los peligros y las ventajas que esto implica.
El uso y dominio de las nuevas tecnologías definirán su inclusión social y laboral en un mercado del cual ya no se puede estar ajeno, al punto que no dominar estas tecnologías se interpreta hoy casi como una discapacidad.

¿Qué posición tomamos como padres y docentes frente a este fenómeno?

Una de las opciones es impedir su uso. Como toda prohibición, activa el deseo. Entonces, los niños entrarán a Internet en la casa de algún amigo, y sin nuestra supervisión conocerán los contenidos que nosotros quisimos restringir.
Otra de las alternativas es fijar reglas para su uso y acompañar a nuestros hijos y alumnos en el aprendizaje.

Internet y los niños

Cuando un chico navega en Internet y utiliza buscadores o hace click en alguna publicidad, se corre el riesgo de que se desplieguen frente a él imágenes inapropiadas para su edad. Esto les puede pasar cuando realizan búsquedas para la tarea de la escuela, o cualquier información de su interés.

Para protegerlos de las páginas que no son adecuadas para su edad, se pueden instalar “filtros” en la computadora. Algunos de los programas pagos que ofrecen servicios de control para los padres son: Net Nanny, Cybersitter, Cyber Patrol, Max Protect, Fitter Pak, Netmop, SafeEyes, Wise Choice.net, Cyber Sentinel, McAfee Parental Controls. Entre los gratuitos, están disponibles el K9 Web Protection, el Naomi y el Filtrar.

No obstante, por más protectores de contenidos que instalemos, no existe mejor filtro que la compañía y la guía del adulto para ayudarlos a interpretar lo que ven y lo que leen.

Para los niños Internet es un mundo maravilloso: pueden escuchar música, ver películas, imprimir dibujos, jugar a videojuegos, y mucho más. No podemos cerrarles la puerta a ese mundo. La clave está en acompañarlos y en compensar entre lo real y lo virtual. Los niños que están muchas horas conectados a la PC, mirando televisión o jugando a la play pueden perder contacto con la dimensión real.

Los niños necesitan volver a habitar entornos reales. La realidad no es el espacio tridimensional de las imágenes computarizadas. La realidad tiene múltiples dimensiones a explotar, que ponen en juego el cuerpo, la destreza motriz, manual y los sentidos. Los chicos necesitan oler, tocar, manipular objetos, construir, deconstruir. Aprender a encastrar, apegar, a patear, a hacer nudos. Los pantalones rotos, las zapatillas sucias, las espinas en el pelo, los cordones mojados… Creo que todos necesitamos una vuelta hacia lo real.

El rol del adulto

Estamos ante un fenómeno que podemos llamar La familia pantalla-céntrica. Los chicos tienen que estar bañados y dormidos para la hora de la novela. El asado del domingo termina cuando empieza la previa del partido. La televisión regula las actividades de la familia, impone horarios, ritmos, espacios y silencios. Suele usarse como castigo: si se portan mal, la penitencia es no ver televisión o no jugar a la play.

La televisión ocupa físicamente un lugar privilegiado a nuestros hogares. En la sala, en la mesa, en los cuartos de los chicos.
Es hora de mirarlos mientras miran las pantallas. Convertirnos, como adultos, en espectadores atentos del pequeño espectador.
Veamos a nuestros hijos. ¿En qué momento deciden ver TV o jugar a los jueguitos? ¿qué pasa con su cuerpo mientras ve televisión? ¿Preguntan acerca de lo que ven? ¿Cómo reaccionan cuando hay que apagar el aparato? ¿Les cuesta conciliar el sueño? ¿Piden que les compremos los productos ofrecidos en los comerciales? ¿Utilizan el lenguaje de los personajes de TV?
Creo que ésta es la clave. Tener una mirada atenta y crítica, para formar hombres y mujeres con conciencia de sí mismos, conectados a sus propios deseos, con autonomía y capacidad de discernir. Lograr que confíen en nosotros. Que reconozcan sus propias capacidades, valores y posibilidades de concretar sus sueños.

Pero el verdadero desafío quizás sea estar preparados para que tener esa mirada aguda y cuestionadora sobre nosotros mismos.
Los chicos nos miran. Si ellos ven adultos cuya única distracción al volver del trabajo es prender la TV o sentarse en Internet y esperar en el sillón a que la cena esté servida, ¿con qué autoridad vamos a pedirles a ellos que se alejen de las pantallas?
Tenemos que ayudar a los chicos a volver a habitar reales. Recuperar la tierra, la naturaleza y la palabra. Los niños todavía quieren “sentir de verdad”, sin tanta burbuja. Anhelan ser protagonistas de experiencias valiosas.

Hay un poema del escritor uruguayo Eduardo Galeano, en el que relata que un niño que vivía en una zona serrana, le pide al padre que lo lleve a conocer el mar. Cuando llegan a lo alto de un médano, la inmensidad del mar se impone antes sus ojos. El niño, conmovido, por lo que veía, le dice a su padre: “Papá, ayúdame a mirar”. Hoy, ante la inmensidad del mundo que se pierden los chicos por estar frente a la televisión, si pudieran, creo que nos dirían: “Hombres grandes, ayúdenme a jugar”.

Riesgos

La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) realizó una encuesta on line a 900 personas que reveló:
• 51% de los chicos y adolescentes se conecta en forma diaria a Internet sin la compañía de un adulto.
• 51% de los padres no conoce los contactos de sus hijos en los servicios de mensajes instantáneos
• 33% de los padres el Nick o apodo que utilizan los chicos al conectarse.
El peligro de internet no sólo es lo que pueden ver allí, sino el hecho de que pueden “ser vistos”. Chat y fotologs abren un mundo de exposición de la información privada que es potencialmente peligrosa.
En definitiva, el principal enemigo no es Internet, sino la soledad. Debemos acompañarlos en el uso de las nuevas tecnologías. Recuperar la palabra y el diálogo es la mejor prevención.

Prevención

Guía para padres y docentes
• No dejar solos a los niños cuando estén conectados a Internet
• Ubicar la computadora en un lugar común o de paso, nunca en el cuarto.
• Hablar habitualmente con los chicos sobre el uso de Internet y aconsejarlos sobre las medidas de seguridad que deben tomar.
• Proteger a los niños de sitios inconvenientes utilizando algún sistema de prevención.
• Verificar que los lugares públicos en donde navegan dispongan de filtros de contenidos para menores de edad.
• Acompañarlos mientras navegan para conocer sus intereses y los amigos con quienes chatean.
• Permitirles conectarse sólo por un tiempo y en un horario predeterminado, siempre de día y no de noche.
• Dejar las cámaras web para cuando sean más grandes.
• Construir junto a los niños “reglas consensuadas” para navegar y chatear en Internet.


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