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Dormir con los padres

Por Claudia Magdalena Smaliroff
Lic en Psicopedagogía

Respecto a si un niño debe o no compartir la cama con sus padres hay diversas posiciones. Así como hay familias que defienden esta práctica y aseguran que el colecho tiene más beneficios que riesgos, otras, por el contrario, no son partidarias de esta costumbre.

Sin embargo, no se trata de estar a favor ni en contra, ya que no hay una única posición. Para afirmar que el colecho es beneficioso o no, es preciso tener en cuenta circunstancias y variables específicas, como la edad cronológica, el entorno del pequeño y el contexto familiar. Es decir, lo que puede ser positivo en un momento puede no serlo en otro. Por ejemplo, el colecho no tiene las mismas implicancias en un bebé de tres meses que en un niño de un año, porque a esa edad ya tienen mayor autonomía, necesitan más lugar para moverse con libertad durante el sueño y ya no suelen tomar el pecho o la mamadera durante la noche.

Asimismo, hay otras variables posibles, como grupos familiares que no disponen de una cama para cada hijo, o en lugares donde hace mucho frío y la posibilidad de calentar el ambiente es escasa, por lo cual el calor humano resulta fundamental.

Pero si las condiciones se acercan a las ideales, lo recomendable es que los padres logren una separación gradual y sistemática del bebé pues, a la larga, esto también resultará beneficioso para la pareja. La recomendación puede aplicarse incluso a familias monoparentales como una manera de fomentar la autonomía de los hijos.

En los primeros meses de vida es importante la cercanía física y espacial, ya que el contacto es fundamental y determinante en la constitución del psiquismo y la maduración orgánica del bebé. Luego, a medida que el niño crece es importante que se promueva la separación de manera gradual y sistemática, lo cual resultará, a la larga, beneficioso para todos.

Durante ese proceso de separación es fundamental acompañar al niño a fin de orientar su creciente autonomía. Establecer hábitos y límites precisos constituyen una poderosa herramienta para ello. Esto también implica acompañarlo al momento de dormir en su habitación, favoreciendo la vuelta a la calma sin invadirse espacios.

¿Cómo hago?
Recomendaciones para dar los primeros pasos

Los hábitos cumplen un rol fundamental en la incorporación de los diversos aprendizajes básicos de convivencia. Éstos favorecen la construcción de la autonomía, la cual, a su vez, posibilitará la autonomía de pensamiento.
Podemos señalar algunas recomendaciones para padres que transitan el período de instalar el hábito de que el niño duerma en su propia cama. Básicamente consiste en generar un clima agradable al momento de ir a dormir, de tal forma que éste sea un momento placentero y esperado por el niño.
Contar un cuento, cantar una canción de cuna, la compañía de un peluche o un pañuelito suave, dejar encendida una luz tenue en un pasillo, pueden resultar elementos útiles.
De esta manera podrá lograrse que la transición a dormir solo se viva de un modo saludable para toda la familia.


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